Diseñado para usuarios de smartphones con carga magnética, ofrece 10000 mAh de respaldo en un cuerpo de 229 g con soporte abatible. Su salida inalámbrica llega a 7,5 W para iPhone (hasta 15 W en Android compatibles) y la conexión USB-C integrada suministra 33 W PD, suficiente para recargar un móvil al 50 % en treinta minutos. La pantalla digital evita conjeturas sobre la energía disponible y su batería de 37 Wh cumple la normativa de equipaje de mano.
El puerto USB-C y el cable incrustado aceptan 30 W de entrada y entregan 33 W QC 4+/PD 3.0, recargando la propia batería en poco más de 2 h con un cargador adecuado, sin sacrificar eficiencia durante la salida.
Los imanes de 13 N alinean el móvil al instante; el módulo Qi suministra 5 W/7,5 W/10 W/15 W según el protocolo. Una pulsación larga reactiva la bobina cuando se utiliza simultáneamente la carga por cable, permitiendo alimentar tres dispositivos a la vez.
El kickstand se abre hasta 80° para colocar el teléfono en modo retrato o paisaje, ideal para videollamadas o “StandBy” en iOS 17. El cable trenzado USB-C se oculta en la carcasa y soporta más de 5000 dobleces sin fatiga.
Con 108,8 × 68,9 × 20,25 mm, cabe en un bolsillo y su energía (< 100 Wh) la hace apta para vuelos internacionales. Nueve protecciones electrónicas salvaguardan temperatura, sobrecarga y cortocircuito.
La propuesta de Xiaomi se sitúa entre la Baseus Magnetic Foldable 20 W (205 g, sin pantalla y salida máxima de 20 W) y la Anker 633 Magnetic Battery (218 g, 20 W y precio superior). Aporta pantalla de porcentaje, mayor potencia USB-C y cable incluido, aunque su carga inalámbrica es más lenta que la del modelo de Anker en modo cableado. Frente a power banks con LED indicadores, la lectura digital facilita gestionar la autonomía. Su peso es algo mayor que el de competidores de 5000 mAh, pero ofrece el doble de capacidad y soporte ajustable, convirtiéndose en una opción equilibrada para quienes priorizan versatilidad y un formato “todo en uno” para iPhone o Android con Qi.