Una cápsula de aleación de zinc alberga un transductor dinámico de 10 mm con diafragma de base carbonosa cuya rigidez (9 × superior al acero) minimiza la distorsión. El diseño dual-cavity con circuito magnético asimétrico expulsa resonancias y dota al grave de pegada limpia, mientras que el conducto acústico en «C» potencia sub-graves sin enturbiar las voces. Con impedancia de 24 Ω y 111 dB/mW, rinde a pleno nivel desde un smartphone y cumple certificación Hi-Res.
La carcasa, fundida por inyección a presión y pulida en plata, disipa vibraciones y soporta el uso diario. El conector 2-pin recessed de 0,78 mm permite actualizar el cable; el suministrado mide 1,2 m, utiliza Cobre OFC trenzado y termina en jack 3,5 mm chapado en oro.
Su geometría triangular reparte la presión en el pabellón y reduce la fatiga; cada auricular pesa apenas 10 g. Se incluyen almohadillas Balanced y HS18 en tres tallas para ajustar la escena o enfatizar el grave.
El diafragma carbonoso entrega un perfil neutro-cálido: graves articulados, medios naturales y agudos aireados hasta 20 kHz, ideal para pop vocal, acústica y ACG. La escena se beneficia de la ventilación trasera y del ajuste fino de la cámara, evitando picos sibilantes.
Además de las puntas, el paquete incluye estuche blando y manual. No dispone de micrófono ni filtro de ajuste, priorizando la pureza de señal.
El FiiO FD11 sube el listón en su rango de precio frente a modelos como el Moondrop Chu II o el KZ ZSN Pro X; la carcasa metálica y el driver carbonoso ofrecen mayor solidez y timbre más limpio. Respecto al anterior FiiO FD1, gana dinámica y control de graves gracias al circuito magnético externo-interno y al conducto acústico dedicado, manteniendo la sencilla alimentabilidad. Como punto mejorable, el cable carece de terminación balanceada y el conjunto no incluye micrófono, pero la relación calidad-prestaciones sigue siendo sobresaliente para quienes buscan unos in-ear Hi-Res robustos, cómodos y con sonido equilibrado por debajo de la barrera psicológica de los cien euros.